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LA IZQUIERDA Y LA VICTIMIZACIÓN EN LA HISTORIA.
26 octubre 2009, 21:18
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ARTICULO EXTRAIDO DE: FORMACIONES

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La histórica fecha que se aproxima es sin lugar a dudas el referente máximo en la configuración de la psiquis de la izquierda latinoamericana. Es en el mes de octubre donde se pone en funcionamiento todo el aparato cultural que se encuentra desde hace años dirigido a la reproducción de ese estado psíquico y colectivo al que podemos llamar victimización. No habrá mucho lugar al festejo, sino para el repudio y el recuerdo de un “genocidio”. Pero el Descubrimiento y posterior conquista del continente americano son para la izquierda, únicamente el punto de partida de una larga historia de abusos, crímenes y despojos que hacen de la víctima un elemento de continuidad a lo largo de los siglos, creando un elemento social determinado al sufrimiento. Esta concepción de la victimización ha calado hondo en la mentalidad colectiva de nuestros países gracias al accionar cultural de esta misma izquierda latinoamericana y ha hecho de ella, su verdadero “lei motiv”.

La victimización como recurso, la venganza como método.

El conocido jurista peruano Ariel Alejandro Tapia Gómez sostiene que la contextualización sociológica de la victimización desentraña a la misma como proceso social de segregación, marginalidad y vulnerabilidad, donde las leyes darwinianas son la regla común, en el sentido de que la elección de las víctimas es siempre en ámbitos de los más débiles y desaventajados. Pero, esta relación  – continúa Tapia- no es sostenible desde del punto de vista moral: no puede el abuso ser la clave del éxito. Y, por lo contrario, las víctimas resultan ser el referente ético del tipo de sociedad. Una sociedad pretenderá ser menos o más justa según sea su forma de trato con sus victimas. No por ello, los grandes líderes del irenismo, pacifismo y similares, afincan su moral en su condición de víctimas: Mahatma Gandhi, Luther King, los pueblos indígenas, las mujeres, los niños, los pobres del mundo, etc. Del estudio conceptual histórico-analítico podemos establecer que la izquierda latinoamericana establece y aplica el modelo utilitario de la victimización. Es el de la victima sacrificial que debe resignarse y superar su dolor en razón del grupo social que se beneficiará de las ventajas de esta posición (el Imperio español primero, la Iglesia, los grupos dirigentes, etc.). En esta categorización cabe a la perfección la descripción tan poco histórica y tanto ideologizada del Descubrimiento del Nuevo Mundo.

Pero ¿Qué sucede cuando la victimización es encarnada desde el plano ideológico? Las víctimas pasan a ser sinónimo de venganza. Podrían enumerarse un sin fin de ejemplos que nos llevan a establecer este comportamiento estandarizado al que estamos tan acostumbrados y del que el conocido “Las venas abiertas de América latina” (1971) de Eduardo Galeano es la representación máxima en el imaginario progresista.  Sea en Uruguay, Argentina, Venezuela o Centro América, el patrón es siempre el mismo. Se establece una penuria extendida en el tiempo a la que inevitablemente deberá llegar una solución, o mejor dicho, una liberación. Ante el yugo, no queda más recurso que la violencia, de ahí que observemos como esta ideologización de la víctima desemboca irremediablemente en la venganza. El espíritu de venganza ha sido siempre  extraño al sentir de la larga trayectoria valórica occidental. El mismo no ha sido un tema común ni recurrente de la literatura hispánica ni anglosajona, y cuando esta ha surgido lo ha hecho de forma anecdótica. La izquierda establece entonces una fundación valórica sobre este espíritu novedoso y consecuente: el valor de la venganza.

Un justificativo y mil defectos. La teoría del buen salvaje.

No es nuevo ni novedoso que la historia de nuestro continente sea interpretada y escrita desde fuera del ámbito académico. Desde muy temprano en el tiempo, ha sido el periodismo  o las iniciativas personales de algunos aventureros los agentes a los que se ha brindado la potestad de escribir la historia. En países como los nuestros en los que la inversión estatal en investigación es un “gasto innecesario”, el espacio es cubierto inmediatamente por los siempre oportunos francotiradores. Si de por sí, esta realidad poca luz arroja a los datos necesarios para enfrentar un análisis profundo y veraz de los hechos, menos aún colaboran la tendenciosidad y la falta de datos en manos de personas comprometidas con el activismo ideológico, siempre destinados a ser los portadores de la hegemonía cultural.

Si de victimización se trata, la izquierda nos recuerda generalmente, los abusos de los conquistadores a un límite insospechado de crueldad y ambición económica. Pero omite por completo describir la férrea estratificación social de la vida precolombina en estas tierras y sus brutales consecuencias. En el plano de la victimización, el discurso progresista anula las responsabilidades llevando la discusión a lo que Francisco Pestanha define como  dispositivo de transferencia, tendiente a invertir la condición de victimario en la de víctima.

Muy a pesar de que la historiografía actual haya llegado al consenso de que las cifras estruendosas de pérdidas humanas posteriores a la conquista del continente se debió a la propagación de las enfermedades venidas del Viejo Continente, nada dicen de esto los analistas del sistema hegemónico. Ni un ápice se menciona en la escatología izquierdista acerca de las incontables alianzas de un Hernán Cortés con poblaciones mejicanas-Totonacas, Tlascaltecas y otros-, que luego de las fatídicas “Guerras Floridas” iniciadas por los Aztecas, encuentran en los recién llegados del mar, una posibilidad de liberación del yugo imperial. Cuando se realizan referencias a los pobladores de la América prehispánica se enumeran ingenieros, arquitectos, escultores, cirujanos, astrólogos y “salvajes de la edad de piedra” como si esto último les incorporara el atributo de aquel “buen salvaje” tan caro a la literatura iluminista. Pero brillan por su ausencia la explotación sistemática de las minas de metales preciosos por parte de los imperios precolombinos y la utilización de mano de obra esclava para tal fin, la búsqueda incesante de tribus vecinas que subyugar y las negociaciones de los emperadores americanos con pueblos vecinos. Menos aún se catalogan los millares de sacrificios humanos y la muerte de cientos de niños en manos de los sacerdotes precolombinos. Un siglo de imperio incaico y otro azteca parecen haberse forjado en base a la labor de una larga lista de humanistas, filántropos y pacifistas. La idealización del americano  producto de la teoría de la victimización es el punto de partida de todo discurso.

¿La memoria como historia?

Según afirmaciones del mismo Eduardo Galeano: “soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”. El recurso a la memoria para escribir historia nos es cada día más familiar. Pero muy a pesar de las pretensiones de fuente fiable que quiera atribuírsele a esta función cerebral sujeta a errores inconmensurables, la historia no puede ser jamás la acumulación de “memorias” sino el resultado final de la constatación de fuentes empíricas y datos concretos a través de una metodología precisa. De ahí se desprende que por más onírica que resulte la propuesta memorística, carecerá de la más mínima seriedad académica – o dicho de otro modo – de toda fiabilidad.

Y es que cierta izquierda sencillamente desea pontificar, de ahí que en sus análisis e investigaciones no haya el más mínimo atisbo de problematización de la historia ni objetividad mínima, ni reparto de responsabilidades, porque su intención no es conceptualizar sino compilar “memorias” todas ellas convenientes a sus intereses ideológicos.

El mejor antídoto contra la victimización y toda desvirtualización de la historia se encuentran en primer lugar en el apego de esta disciplina como actividad intelectual, metódica y procedimental; en segundo lugar reconocer el ejercicio de las responsabilidades colectivas, sin desconocer como es justo, la posibilidad de la injusticia siempre presente, pero sin que esta llegue a obrar como legitimación de la inmovilidad y la victimización, propensas siempre a negar la prioridad de la coherencia.

GERMAN SAINZ

 

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1 comentario so far
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Es estoy de acuerdo con lo que dice el articulo, pero la cultura de victimización que vivimos en latinoamerica también es responsabilidad del pensamiento conservador de la derecha que considera al pobre o al indigena como incapaz de entender el funcionamiento de la modernidad, le atribuye una naturaleza innata a su ignorancia.

A los dos sistemas de pensamiento les conviene la ignorancia de los sectores de clase media y pobre, les otorga poder, la globalización está diseñada para seguir embruteciendo a las mayorias.

Comentario por Rodolfo




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