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La A.C.O quiere recordar, en este mes de Setiembre, a uno de los más grandes compositores de música clásica (otros prefieren denominarla “culta”, creando una dialéctica con la música popular) del siglo pasado: Dimitri Shostakóvich.
Nació en San Petersburgo el 25 de Setiembre en 1906 y murió en Moscú el 9 de Agosto de 1975.
Tuvo fuertes problemas para que su música fuera escuchada en Rusia y para que saliera al exterior puesto que sufrió una fuerte censura por parte del régimen soviético, quien como en innumerables casos, en su afán homogeneizante, totalitario y materialista, silenció e incluso asesinó a miles de artistas y escritores. Ya en 1936 y en 1948, el órgano de prensa soviético Pravda, rezaba que la obra de Shostakóvich era una “decadente manifestación de formalismo tradicional y de caos musical”. La obra es calificada de “vulgar” y “gratuitamente violenta (!)” Viva muestra de la intolerancia y el odio que históricamente el comunismo a demostrado hacia aquellas manifestaciones artísticas que ennoblecen el espíritu humano.
En materia musical, su obra es un híbrido entre el vanguardismo y el romanticismo tardío, influenciado en Mahler. Otros artistas que pudieron tener repercusiones en él son Stravinski y Mussorgsky, dejando sus tintes de música tradicional rusa.
Es realmente interesante el manejo que Shostakóvich presenta de las variaciones tonales, pasando de momentos realmente emotivos y suaves a momentos tensos y con predominio de las notas graves; sin mencionar los pasajes de atonalidad que tan bien sellan sus obras.
Entre otras cosas, compuso 15 sinfonías, 15 cuartetos de cuerdas, 6 conciertos, varias óperas, música de cámara y música para cine.
He aquí el movimiento Intermezzo del quinteto para piano y cuerdas Op.57, interpretado por el cuarteto de cuerdas argentino Numen y la pianista Elisa Schulthess:





